
El Gobierno nacional oficializó este viernes una actualización en el precio del bioetanol elaborado a base de caña de azúcar y de maíz, una medida largamente esperada por el sector y que representa una noticia positiva para la industria azucarera y los productores de biocombustibles del país. Los nuevos valores fueron publicados en el Boletín Oficial y regirán para las operaciones correspondientes al mes de febrero de 2026.
A través de una resolución de la Secretaría de Energía del Ministerio de Economía, se fijó en $1.000,868 por litro el precio mínimo de adquisición del bioetanol producido a partir de caña de azúcar, destinado a la mezcla obligatoria con nafta en el marco de la Ley N° 27.640. En tanto, el bioetanol elaborado a base de maíz fue establecido en $917,323 por litro, también como valor mínimo de referencia para el mercado interno.
La medida se inscribe dentro del Marco Regulatorio de Biocombustibles aprobado en 2021, que otorga a la Secretaría de Energía la facultad de revisar y actualizar los precios cuando se detectan desfasajes con los costos reales de producción o posibles distorsiones en el mercado de combustibles. En este contexto, la actualización busca acompañar la estructura de costos del sector y garantizar previsibilidad a los productores.
Desde la actividad azucarera y del bioetanol, la resolución fue recibida como un respaldo clave para sostener la producción, el empleo y las inversiones, especialmente en provincias como Tucumán, Salta y Jujuy, donde la caña de azúcar y sus derivados cumplen un rol central en la economía regional. Además, el esquema beneficia tanto a los biocombustibles derivados de la caña como del maíz, consolidando una política energética más diversificada y federal.
Otro punto destacado de la resolución es que se estableció un plazo máximo de pago de 30 días corridos desde la fecha de factura, una condición que mejora las condiciones comerciales y financieras para los productores, aportando mayor certidumbre en la cadena de valor.
Con esta decisión, el Gobierno ratificó la importancia estratégica de los biocombustibles en la matriz energética nacional y envió una señal de previsibilidad a un sector clave, que combina agregado de valor, desarrollo industrial y sostenimiento de las economías regionales.